
La aparición de una fisura o una grieta en casa no siempre es un problema grave, pero hay que entender por qué ha aparecido para saber cómo actuar.
Un día, en casa de Juan y María, descubren una fisura o una grieta en una pared de su querida vivienda. Quizás hace tiempo que está ahí y no se habían fijado, o quizás están convencidos de que antes no estaba.
La miran de lejos, después de cerca, incluso la tocan, y empiezan a hacerse preguntas: «¿Desde cuándo está Juan? ¿Es preocupante María? ¿Irá a más?». Juan y María, se miran y encogen los hombros, porque la respuesta no es fácil ni sencilla.
La buena noticia es que no todas las grietas son indicativas de un grave problema. En un edificio conviven muchos materiales diferentes y, con el paso del tiempo, pueden aparecer pequeñas fisuras relacionadas con los revestimientos, dilataciones, retracciones o movimientos habituales de los diferentes elementos constructivos. Incluso un uso inadecuado del edificio puede contribuir a la aparición de determinadas lesiones.
Pero también hay grietas que pueden ser la señal visible de un problema que conviene estudiar, evaluar y diagnosticar antes de decidir si es necesario actuar.
Cuando aparece una grieta, la tentación más habitual es “repararla” de forma doméstica. Juan llama a un pintor a toda prisa, que muy profesionalmente, aplica un poco de masilla, pinta la zona y la grieta deja de verse. Parece que el problema está resuelto y esto hace contenta a María, pero quizás sólo lo esté a nivel estético.
Al cabo de un tiempo, la grieta vuelve a aparecer exactamente en el mismo sitio. Probablemente se había solucionado temporalmente lo que se veía, pero no lo que lo estaba provocando. Juan y María se hacen cruces, de hecho, ya ni se acordaban de aquella maldita grieta que les había provocado un dolor de cabeza.
Una grieta es muchas veces un síntoma. Detrás puede haber causas muy diferentes: el movimiento de un tabique, la deformación de un forjado, cambios de temperatura, humedades, movimientos del terreno, una ejecución deficiente, una reforma o, incluso, unas obras que se estén realizando en un edificio cercano.
Por eso dos grietas que a simple vista pueden parecer iguales no necesariamente tienen el mismo origen ni requieren la misma solución.
A Juan y María, por tanto, les falta la información más importante: saber qué está provocando aquella grieta que tanto les preocupa.
Aquí es donde las cosas se complican un poco. Pero no hace falta alarmarse: lo que hace falta es entender qué está pasando.
Juan y María comienzan a informarse y entienden algunas cuestiones importantes:
Esto no significa necesariamente que nos hallemos ante un problema grave. Significa que conviene saber lo que está pasando.
Cuando tenemos una duda de este tipo, el arquitecto técnico puede ayudarnos a pasar del “tengo una grieta” al “sé por qué ha aparecido y qué debo hacer”.
Y esto implica mucho más que mirarla: es necesario analizarla, relacionarla con el resto del edificio y actuar con criterio.
Juan y María deciden pedir el asesoramiento de un arquitecto técnico. El profesional observa dónde se encuentra la grieta, su forma y dirección, los materiales afectados y si existen otras lesiones relacionadas.
Pero el arquitecto técnico también estudia y analiza el conjunto del edificio: ¿cuántos años tiene? ¿Cómo está construido? ¿Se han realizado reformas? ¿Hay humedades? ¿La grieta aparece sólo en esta vivienda o también en otros puntos? ¿Se han hecho obras recientemente en el edificio o en la finca de al lado?
La combinación de todos estos datos permite al arquitecto técnico, identificar las posibles causas de la fisura o grieta y entender por qué una simple reparación superficial no ha funcionado.
En algunos casos, la inspección puede permitir llegar a un diagnóstico claro. En otros, será conveniente controlar la grieta durante un tiempo o realizar determinadas comprobaciones, medidas o estudios complementarios.
Es en este momento cuando Juan y María entienden que diagnosticar una grieta es mucho más que mirar su anchura o taparla.
Seguramente todos hemos oído alguna vez lo de: “Pon un testigo y mira si se rompe”.
Juan y María también habían oído hablar de ello. Para controlar la evolución de una grieta puede ser útil y, al mismo tiempo, no es tan sencillo como parece.
El seguimiento debe servir para obtener información que después se pueda interpretar: si la grieta se abre o se cierra, cuánto lo hace, durante qué período y en qué condiciones.
Por eso, cuando es necesario realizar un control, el arquitecto técnico, puede determinar cómo hacerlo e interpretar los resultados conjuntamente con el resto de información del edificio.
El testigo o cualquier otro sistema de control es una herramienta. El diagnóstico es mucho más que eso.
En casa de Juan y María, si es necesario, el testigo o el sistema de control convivirá durante un tiempo con ellos, mientras el arquitecto técnico analiza su evolución.
Cuando conocemos la causa, el arquitecto técnico puede determinar cuál es la solución o actuación más adecuada.
Quizás sólo habrá que reparar correctamente un revestimiento. Quizás habrá que solucionar una humedad, modificar una junta o reparar algún elemento constructivo. O quizás sea necesario estudiar con más profundidad algún otro elemento del edificio y plantear una intervención de más entidad.
Juan y María ya han entendido que cada situación es diferente. Y también que un buen diagnóstico puede llegar a una conclusión muy tranquilizadora: que esa fisura o grieta que tanto les preocupaba no presenta una afectación importante y sólo necesita una reparación sencilla o un seguimiento. Saber que no es necesario realizar una gran intervención también es un buen diagnóstico. Juan y María, ya lo tienen claro.
Cuando vemos una grieta en casa no es necesario alarmarse. Pero si tenemos dudas, tampoco es buena idea limitarnos a taparla una y otra vez. Juan y María ya han comprobado que hacer desaparecer la grieta no siempre significa solucionar el problema.
Los edificios envejecen, se mueven y reaccionan a todo lo que sucede a su alrededor. Y las grietas y fisuras son, muchas veces, una forma de mostrarnos estos cambios.
El arquitecto técnico es el profesional que puede ayudarnos a interpretar estas señales, analizar qué las está provocando y, cuando sea necesario, proponer la solución técnica más adecuada. Para Juan y María, el arquitecto técnico, ya se ha convertido en uno más de casa.
Por eso, la próxima vez que aparezca una grieta en casa, antes de coger la masilla y el pincel, vale la pena hacerse una pregunta: ¿por qué ha aparecido?
Encontrar esta respuesta es casi siempre el primer paso para solucionarla correctamente. Y es aquí donde la intervención del arquitecto técnico aporta conocimiento, criterio y un diagnóstico que permite decidir cómo actuar.
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